A 1.023 metros, Andorra la Vella es la capital más alta de Europa. También es pequeña —el centro se cruza a pie en veinte minutos— y se extiende por el fondo de un valle con montañas que se levantan justo detrás de los edificios a ambos lados.
El barrio antiguo
El Barri Antic es la parte que merece tiempo. Su centro es la Casa de la Vall, una casa fuerte del siglo XVI que fue sede del parlamento del país desde 1702 hasta 2011, una duración extraordinaria para un edificio de ese tamaño. Dentro se conservan la sala del Consell y el famoso Armari de les Set Claus, el mueble que guardaba el archivo nacional y que solo podía abrirse con un representante de cada parroquia presente. Alrededor, callejones empedrados con la iglesia de Sant Esteve y varias plazas tranquilas.
Las compras, sin mitos
La fama de Andorra viene de sus impuestos bajos: el IGI local es una fracción del IVA español o francés, de modo que electrónica, alcohol, tabaco, perfumería y material deportivo salen realmente más baratos. La avinguda Meritxell es un kilómetro de tiendas que atraviesa la ciudad y puede resultar agradable o agotadora según el día. Dos advertencias: los precios varían mucho de una tienda a otra, conviene comparar; y al salir hay franquicias aduaneras que se controlan en la frontera, así que un coche cargado puede costarle un disgusto en el puesto.
Escaldes-Engordany
La capital se funde sin transición con Escaldes-Engordany, y se pasa de una a otra sin darse cuenta. Aquí afloran las aguas termales a unos setenta grados y se levanta el complejo Caldea con su aguja de vidrio. El paseo junto al río Valira es el recorrido urbano más agradable.
Más allá de las tiendas
El Museu Carmen Thyssen muestra selecciones rotativas de la colección de la baronesa. A las afueras, la iglesia de Sant Miquel d'Engolasters y el lago que queda por encima permiten una media jornada de paseo con vista directa sobre la capital. Y en quince minutos de coche en cualquier dirección uno está en plena montaña, que es al final el motivo por el que se viene.
Moverse
La capital no tiene metro ni lo necesita: se recorre a pie de extremo a extremo. Las líneas nacionales de autobús salen del centro hacia todas las parroquias, pasan con frecuencia y cuestan muy poco, de modo que es perfectamente viable alojarse en la ciudad y subir a un valle distinto cada día. El problema real es aparcar: el centro está saturado y los aparcamientos subterráneos se llenan a media mañana los sábados de invierno.
Un apunte de historia
Andorra se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales y de la guerra civil espanola, y hasta 1993 no tuvo constitucion escrita: se regia por los Pareatges de 1278. Ese aislamiento explica buena parte de lo que se ve hoy, desde la conservacion del romanico hasta la fiscalidad que sostiene la avenida comercial.