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El románico andorrano — una iglesia en cada valle

Redacción · 09.08.2026

Andorra conserva alrededor de cuarenta iglesias románicas, una densidad extraordinaria para un país de este tamaño. Sobrevivieron porque los valles eran pobres y remotos: nadie tuvo dinero para reconstruirlas en estilos de moda, así que la piedra de los siglos IX a XII se quedó donde estaba.

Santa Coloma

Santa Coloma, en el extremo sur de la capital, es la más antigua, con partes del siglo IX. Su campanario circular lombardo es único en el país y se reconoce de inmediato. En el interior hubo un ábside pintado por el Maestro de Santa Coloma; los originales se retiraron y se vendieron en el siglo XX, y lo que se ve ahora es una proyección precisa de las pinturas sobre el muro curvo, una solución poco habitual que funciona mejor de lo que parece.

Sant Joan de Caselles

Sobre Canillo se alza la que muchos consideran la mejor: una iglesia del siglo XII con campanario de tres pisos, porche de madera y, dentro, un notable Cristo en Majestad de estuco, modelado en relieve sobre el muro con la cruz pintada alrededor. Sobreviven muy pocos en el mundo.

El resto del circuito

Sant Miquel d'Engolasters queda aislada sobre la capital, con una torre alta y severa y un paseo corto hasta el lago. Sant Climent de Pal y Sant Serni de Nagol son más pequeñas, entre bancales. En Ordino, Sant Corneli i Sant Cebrià guarda uno de los mejores retablos barrocos del Pirineo, añadido después dentro de muros más antiguos.

Notas prácticas

La mayoría están cerradas fuera del horario de visita guiada, y el calendario cambia entre verano e invierno. Conviene consultar en las oficinas de turismo de Canillo o Andorra la Vella antes de subir un valle, o sumarse a las visitas guiadas gratuitas de temporada alta. Varios frontales de altar y tablas originales se encuentran en el Museu Nacional d'Art de Catalunya de Barcelona y no en Andorra, motivo de un enfado local que dura décadas.

Cómo leerlas

Casi todas comparten un patrón: nave única, ábside semicircular orientado al este y campanario exento con ventanas geminadas de arco, al modo lombardo llegado desde el norte de Italia. El ábside estaba casi siempre pintado; donde la pintura ha desaparecido, la curva de piedra desnuda es lo que queda de lo más luminoso que había en muchos kilómetros a la redonda.

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