Andorra se vende en invierno, pero la temporada de caminar es discutiblemente mejor. Cerca del noventa por ciento del país es montaña, la red de senderos señalizados es densa y las distancias son tan cortas que se puede estar a 2.500 metros una hora después de salir de la capital.
Los circuitos de lagos
El circo dels Pessons, al que se llega desde Grau Roig en el sector de Grandvalira, encadena una docena de lagos glaciares en un anfiteatro de granito. Es la excursión clásica andorrana: unas cuatro horas en bucle, por buen sendero, con la opción de tomar el telesilla en verano para el primer tramo.
Los estanys de Tristaina, sobre Ordino-Arcalís, son más cortos y más fáciles: tres lagos en un bucle de dos horas, con un remonte en pleno verano que suprime casi todo el desnivel. El estany de Juclar, desde la Vall d'Incles, es más largo y tranquilo, y el mayor lago del país.
Comapedrosa
El Comapedrosa, de 2.942 metros, es el punto más alto de Andorra. Desde Arinsal es una jornada larga —unas siete horas ida y vuelta y 1.400 metros de desnivel— con un refugio a media subida donde mucha gente parte el ascenso. Es una caminata más que una escalada, pero el tramo superior es de roca suelta y exige cuidado con mala visibilidad.
El GRP
El Gran Recorregut del País es una ruta circular alrededor de todo el país, unos 120 kilómetros, que suele hacerse en seis o siete días usando los refugios libres. Cruza todas las parroquias y se mantiene alto casi todo el trazado. Es la forma más completa de ver Andorra y requiere experiencia real de montaña, sobre todo en orientación.
Temporada y refugios
La ventana va de finales de junio a principios de octubre. Antes, la nieve persiste en los collados y los lagos siguen helados; después, los refugios se enfrían y el tiempo cambia rápido. Andorra mantiene más de veinte refugios libres no guardados: abiertos, sin reserva, con literas y estufa, pero sin comida, sin guarda y sin garantía de plaza. Hay además dos refugios guardados, en Comapedrosa y Illa.
Las tormentas de tarde son frecuentes en julio y agosto. Conviene salir temprano y estar fuera de las crestas a media tarde.
Fauna
Los pastos altos albergan isards, el rebeco pirenaico, bastante comun como para tener opciones reales de ver alguno en cualquier jornada larga por encima de los 2.000 metros. Las marmotas silban desde los canchales todo el verano. Buitres leonados y quebrantahuesos aprovechan las termicas de las crestas, y el quebrantahuesos, con su cola en forma de rombo, es una de las especies que mas esfuerzo ha costado recuperar en el Pirineo.